27 de diciembre de 2010

Diario de Viaje. Día Uno.


Altamar en el cielo. Tuites desde la noche.

El avión está por partir. Lento, indeciso, se encamina por las pistas. Da una vuelta, luego otra. Se detiene un segundo y toma aliento; piensa en el camino que está por tomar. Y se encamina lento primero, tomando impulso, y luego decidido, fuerte y brioso hacia el cielo.


  • Dejo México y nuestro año terrible. Regresaré en unos días. Será a un lugar que seguirá llamándose igual. Ni él ni yo los mismos.

Comienza la turbulencia; pequeños sobresaltos del cielo. Los pasajeros materializan el miedo con su repentino silencio. Contienen la respiración. Emprender un viaje implica siempre un riesgo; la posibilidad de la catástrofe está implícita cada vez que se emprende el vuelo.


  • No necesito que este avión comience a desplomarse para no mencionar tu nombre.

El desplazamiento es un escape y una huída hacia un lugar secreto de nosotros mismos. Un lugar al que acudimos para que algo cambie:


  • De un viaje siempre regresa otro. Eso se sabe.

La noche está quieta. Nosotros avanzamos a través de ella mientras somos inadvertidos en la tierra. Tanto sucede sin darnos cuenta, tanto pasamos por alto, tan altos vuelos nos escapan mientras dormimos o amamos o cenamos. Por ejemplo: siempre hay gente atravesando el cielo.

  • Estamos parados ante la última ola del mar. Allá, noche adentro, estruendosos aviones parten la noche en dos o en mil pedazos, cargados de sueños.

El cielo, ese rincón callado del mundo:

  • Este avión es una flecha que va atravesando el tiempo, perforando la noche. Dejándote atrás.

  • Frente a esta noche que atravieso, eres nada.

  • Te voy memorizando por última vez. Tan fácil te aprendo como te olvido.

  • Desde el cielo, las sombras gritan. Desde un rincón, un último lamento.

  • Te reservo un último rincón. Habítalo.

Estamos sobre el Océano Atlántico. Todo es oscuridad al acecho:

  • El Atlántico lo mismo es tempestuoso por aire que por agua.

Antes de intentar dormir, Javier Marías sobre el secreto. Viajar también es estar ausente, dejar los espacios propios, la reputación al aire. Otros hablarán por nosotros, reinventándonos:

“Suele ser mejor que ignoremos lo que se dice de nosotros,
por amigos y enemigos, cuando no estamos delante”

“La hipocresía (si no es flagrante ni excesiva), la discreción,
el secreto, forman parte de la educación y la civilización”

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