30 de diciembre de 2010

Diario de Viaje. Día cuatro.

La nieve se acaba de derretir en el cementerio Père-Lachaise. Apenas ayer la entrada estaba prohibida para evitar los resbalones de los curiosos y los dolientes. Las tumbas están hoy un poco menos frías entre los árboles y las hierbas pisadas por años; tanto que parecen otra cosa. Vengo en busca de canciones que acompañen a esta mañana y sombras de quienes existieron hace tiempo pero me siguen acompañando y alumbrando hoy. Me vengo buscando a mí. Aquí estamos todos reunidos y venimos a pasear entre el viento.



Encuentro la tumba de Jim Morrison después de muchas vueltas equivocadas. Me parece modesta y apretujada, como si hubiera llegado ahí a trompicones, a un lugar que no era el suyo. Reposan con él los sueños de muchos, incluidos los sueños heredados por mi generación. Lo más triste de verlo ahí entre los cientos de tributos anónimos es que James Douglas Morrison no vivió para ver la belleza de esta mañana, ni las chicas que lo quisieron conocer.




Visité también a Paul Éluard. No hay tumbas tan solas como las de los poetas, pero tampoco a ninguna la mece así el viento:




Encontré apellidos olvidados, maravillosos y enigmáticos como la familia "Río-Negro". Coloqué piedritas sentimentales encima de Proust y de Petrucciani; me topé con Chopin, con Arman y con un grandilocuente y ridículo Miguel Ángel Asturias que se hizo sepultar debajo de su firma, de la enumeración de premios recibidos y de una estela maya de dos metros que resalta como el resabio rancio de un prehispanismo viejo y aburrido. Me conmovió que Edith Piaf descanse hacinada en una tumba pequeña entre tantos otros familiares, de esos que fueron invisibles en su vida. El reciente Claude Chabrol descansa en una tumba sobria que ha sido decorada hermosamente por las hojas que caen del árbol vecino.






Père-Lachaise es un resabio de calma, un laberinto sentimental donde se escuchan los gozosos pasos de quienes descifraron la vida antes o después de idos.




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La Maison Rouge alberga la exposición "Les reserches d'un chien", una maravillosamente curada exposición colectiva, imaginada a partir del cuento homónimo de Franz Kafka que, con obras de artistas tan diversos como William Kentridge, Santiago Sierra, Lorna Simpson, Jeff Koons, Sigalit Landau y Stephane Sidet, entre muchos otros, explora las fronteras entre la realidad, la imaginación y la percepción, para preguntarse en última instancia qué significa existir y estar vivos.

Nota: el duro piso de cemento pulido de la Maison Rouge ha dado muerte prematura a mi cámara. Este Diario tratará de escribirse sin ella. Intentaré ver sólo escribiendo. Algo me va a faltar por mucho tiempo. :(

29 de diciembre de 2010

Diario de Viaje. Día tres. I


Louis Bourgeois está en la Maison de Balzac con la exposición póstuma, Moi, Eugénie Grandet, creada alrdedeor del personaje de la novela homónima de Balzac. Bourgeois se confiesa plenamente identificada con la Eugénie Grandet que imaginó Balzac: una mujer que tiene que huir del universo patriarcal para arribar a aquello que se imaginó de sí misma:


Ternura absoluta, no hay forma de no salir conmovido del universo que Bourgeois crea para Grandet como pretexto de sí misma. Un universo crítico e irónico de las ideas y objetos que tradicionalmente se asocian con lo femenino, pero que trasciende la rabia fácil para remarcar una idea simple: no hay forma mejor de reivindicar lo verdaderamente femenino que a través del poder transformador de la belleza. 

Algo de lo visto:






Louise Bourgeois
Ode to Eugénie Grandet

I have never grown up
I am standing near the window
I have spent my life making curtains
to hide the dirty glass
I have spent my life making curtains
while watching the building across the way
I have spent my life waiting
I have spent my life washing
dishes and vegetables
I have spent my life going up and down
I have spent my life afraid of the cold
letting down waists and shortening dresses
I have spent my life
listening to the chirping of the birds,
the water dripping from the ceiling
and the traffic on 20th street
I have listened to the sounds of the pigeons
The hesitations of the mice
and the bees and the flies before summer
I have spent my life
smelling the burning from the stove
and listening to the starting of the refrigerator

The telephone may be out of order
The doorbell may be broken
Has the mail come?
I have spent my life making openwork pulling threads for the
bed sheets and the table clothes
I have spent my life making a trousseau
I who has never been trussed up
I give humor
not pity
I am not stupid I am only unhappy
fearful foolish a washer woman
I have spent my life washing socks
and handkerchiefs

28 de diciembre de 2010

Diario de Viaje. Día dos.

Así veo el frío de París; así corta:






Moebius en la Fundación Cartier:




Obra vista en los alrededores de la Fundación Cartier, que reposa sobre la barda de un parque, en espera a ser vista. Una tierna y anónima obra de arte público :




La  Bibliothèque nationale de France presenta la cuarta muestra de los Jeunes Photographes de la Bourse du Talent: 


                                                                     © Dorothy Shoes


Una imagen de la Bibliothèque nationale de France:



27 de diciembre de 2010

Diario de Viaje. Día Uno.


Altamar en el cielo. Tuites desde la noche.

El avión está por partir. Lento, indeciso, se encamina por las pistas. Da una vuelta, luego otra. Se detiene un segundo y toma aliento; piensa en el camino que está por tomar. Y se encamina lento primero, tomando impulso, y luego decidido, fuerte y brioso hacia el cielo.


  • Dejo México y nuestro año terrible. Regresaré en unos días. Será a un lugar que seguirá llamándose igual. Ni él ni yo los mismos.

Comienza la turbulencia; pequeños sobresaltos del cielo. Los pasajeros materializan el miedo con su repentino silencio. Contienen la respiración. Emprender un viaje implica siempre un riesgo; la posibilidad de la catástrofe está implícita cada vez que se emprende el vuelo.


  • No necesito que este avión comience a desplomarse para no mencionar tu nombre.

El desplazamiento es un escape y una huída hacia un lugar secreto de nosotros mismos. Un lugar al que acudimos para que algo cambie:


  • De un viaje siempre regresa otro. Eso se sabe.

La noche está quieta. Nosotros avanzamos a través de ella mientras somos inadvertidos en la tierra. Tanto sucede sin darnos cuenta, tanto pasamos por alto, tan altos vuelos nos escapan mientras dormimos o amamos o cenamos. Por ejemplo: siempre hay gente atravesando el cielo.

  • Estamos parados ante la última ola del mar. Allá, noche adentro, estruendosos aviones parten la noche en dos o en mil pedazos, cargados de sueños.

El cielo, ese rincón callado del mundo:

  • Este avión es una flecha que va atravesando el tiempo, perforando la noche. Dejándote atrás.

  • Frente a esta noche que atravieso, eres nada.

  • Te voy memorizando por última vez. Tan fácil te aprendo como te olvido.

  • Desde el cielo, las sombras gritan. Desde un rincón, un último lamento.

  • Te reservo un último rincón. Habítalo.

Estamos sobre el Océano Atlántico. Todo es oscuridad al acecho:

  • El Atlántico lo mismo es tempestuoso por aire que por agua.

Antes de intentar dormir, Javier Marías sobre el secreto. Viajar también es estar ausente, dejar los espacios propios, la reputación al aire. Otros hablarán por nosotros, reinventándonos:

“Suele ser mejor que ignoremos lo que se dice de nosotros,
por amigos y enemigos, cuando no estamos delante”

“La hipocresía (si no es flagrante ni excesiva), la discreción,
el secreto, forman parte de la educación y la civilización”

22 de diciembre de 2010

"Generation Why?", Zadie Smith.




Más sobre Facebook. Ese gran generador de desencuentros, de la soledad que hace todo fácil y accesible para poder ser descartado inmediatamente también.



Zadie Smith escribe "Generation Why?" a propósito de la nueva película de David Fincher, The Social Network.

21 de diciembre de 2010

Llenando espacios en blanco: The Social Network.



The Social Network (David Fincher, 2010) es un retrato fiel de las interacciones sociales en el mundo que ha desembocado en Facebook y las relaciones que este fenómeno alimenta. Una cinta digna de Fincher, The Social Network es de los registros más relevantes del año venidos de Hollywood.

La cinta inicia con la fallida cita entre el futuro creador de Facebook, Mark Zuckerberg (el estupendo Jesse Eisenberg) y Erica Albright (Rooney Mara). La escena es la crónica de un desencuentro. Zuckerberg es un tipo hiperverbal e inseguro que, como todos, a lo más que aspira es a encajar. Zuckerberg es claramente mucho más brillante que Albright y así se lo hace saber con arrogancia en cada gesto, en cada frase. La hiperverbalidad es un lujo en un mundo donde ya no se lee de corrido. Ella es una chica que no está a la altura del juego de Zuckerberg, una chica aspiracional, que busca relacionarse con personas que la lleven a un estrato que no es el propio, al que de otra forma la suerte le hubiera negado el acceso. A Albright se le notan pocos talentos: apenas una cara bonita que sólo tiene lo que conoce porque es incapaz de imaginarse nada distinto o atreverse a ello. Una linda esposa futura que anda en busca de lo idéntico en cualquier lado que lo ofrezca. Zuckerberg se sabe más adelantado que Albright y superior al mundo que ella habita y lo retrata sin piedad: “You used to sleep with the door man" le espeta a Albright.

El desencuentro entre Zuckerberg y Albright, y la humillación que Zuckerberg (un tipo que, en palabras de Albright, “is not an asshole, just trying really hard to be one”) hace terminar en ojos de todos, esparciéndolo a través de Internet (esa nueva forma de escribir las cosas en tinta indeleble) es el catalizador de las inseguridades que Zuckerberg arrastra desde siempre y que desembocan en una idea revolucionaria que también es un fiel retrato de su generación: Facebook.

Esta biografía temprana de Mark Zuckerberg confirma una tendencia que quizá no resulte ser tan desafortunada: el éxito y la fama que antes pertenecía a los jocks, ahora es de los nerds. The Social Network es un retrato del mundo de los nerds, y de sus inseguridades, dudas y aspiraciones. Mientras los chicos de siempre viven inmersos en la frivolidad y el exceso, los nerds están en el dormitorio de su cuarto imaginando un mundo nuevo. Con todo, los nerds no dejan de sucumbir ante la idea fatalmente atractiva de un día tener las llaves que abran esa puerta detrás de la cual una chica está desnuda y lista para que sorbamos cocaína del ombligo. The Social Network retrata esa inseguridad congénita del nerd; ese motor que los lleva a buscar la notoriedad que el mundo les ha negado. Al final todo es una danza de máscaras, una lucha por encajar y buscar la aprobación y admiración de nuestros pares. El mundo de hoy pertenece a los famosos.

The Social Network es la cinta de una generación que se ha educado llevando siempre por delante su congénita desconfianza ante la autoridad y ante las estructuras sociales establecidas y probadas. Para los aceptados socialmente, la autoridad representa el límite de las cosas que están a su alcance; es la autoridad quien les hace saber que el mundo no es de ellos, que para ganarlo hace falta jugar dentro de las reglas que ya lo regían desde antes de que estos pequeños arrogantes se les antojara adueñarse de todo. Para los rechos (los rechazados), la desconfianza se basa en un rencor: son esas estructuras las que les han negado la entrada a la aceptación y los ha orillado al ostracismo, lejos de ese mundo fascinante del desenfreno social. Ambos grupos terminan por entender entonces que se debe prescindir de estas reglas y de todo lo que las ha impulsado y perpetuado. Los chicos de esta generación perciben a la moral como una guía de buenos principios que alguien puso en una pared para ser ignorada. Nadie debe engañarse: el mundo y todo lo exista dentro de él es para ser arrebatado. La decencia es una noción que estorba. En su voracidad, Zuckerberg y los cofundadores de Facebook lo confirman: la poderosa herramienta social nace como resultado de un arrebato cuya legitimidad es cuestionada.

La cinta de Fincher no retrata personajes, retrata un fenómeno: el mundo post-Facebook es carente de adultos, es un mundo en el que no existen hombres probados, hombres que sepan de lo que va la vida. Ninguno de los personajes de la cinta es realmente memorable o fascinante, lo cual no sorprende porque en estos tiempos casi nadie lo es: todos alcanzan el pináculo de sus sueños antes siquiera de haber descubierto bien a bien lo que es ser amado, por ejemplo. La generación de Zuckerberg carece de personajes impactantes porque nadie se ha dado el tiempo y la paciencia de llegar a serlo. Fincher no tiene a quién retratar; estos súbitos millonarios no vienen de la disciplina o de la experiencia desgarradora, vienen de la ambición, de la codicia, de la desesperada lucha por ir más rápido y más adelante que los demás. Esta es la generación de la voracidad, del hambre, del “llegar lejos” como motivo único y superior.

The Social Network es una cinta rápida y ágil como es la dinámica de las interacciones sociales en la era del Internet, donde la paciencia es una tara de los viejos. Los nerds que se imaginan Facebook no son personajes interesantes en sí mismos, son personas comunes, ingenuos, hambrientos de reconocimiento, que son capaces de crear una tendencia, una nueva forma de entender el mundo a partir del fenómeno que más ha marcado a su generación: lo inmediato. Fincher retrata lo invisible que hay detrás de Facebook: la forma en que nos relacionamos en estos días.

La odisea de Zuckerberg está alimentada por el temor a ser nadie, a ser invisible. No ser mencionado es no existir, no llegar, no tener acceso. Zuckerberg es un tipo rápido, de sorprendente agilidad mental que ha llegado a la conclusión de que adelantarse es ser mejor y la única manera de obtener el reconocimiento que la ha sido negado desde el primer patio escolar, ese territorio fascinante por tanto tiempo reservado para los fuertes y los populares. Al proveer a ese mundo de una herramienta que lo retrata fielmente, Zuckerberg obtiene de forma inmediata la arrolladora visibilidad que ha estado buscando: no le interesa tanto saber si ha sido demandado por plagiar la idea que ha dado nacimiento a Facebook, como el nombre de las chicas que de pronto están dispuestas a cogérselo en un baño público. Rápido entiende Mark Zuckerberg los beneficios de la fama y la quintaesencia de las groupies: aprovecharse de esas mentes simples, prestas al colchón, que intuyen que acostarse con alguien famoso será lo más cerca que estarán jamás de tener la genialidad dentro.

Erica Albright es, entonces, en la vida de Mark Zuckerberg el catalizador de una realidad social frívola y simple que desemboca en la creación de Facebook, quizá la primera herramienta del mundo moderno que tiene al sexo y la búsqueda de relaciones sentimentales como el subtexto más poderoso, como su leitmotiv. Facebook ha creado una nueva lógica, un nuevo código del ligue y, necesariamente, de la soledad también. Entiendo que haya quien en su simplismo sólo alcance a ver en Zuckerberg el hombre iracundo detrás de Facebook. La ira puede ser un agente transformador que supera la esterilidad de quienes la provocan y se quedan atrás, regodeándose en su propia irrelevancia.

20 de diciembre de 2010

Todo cesa.



Este es el que yo escojería como el mejor tuite hasta ahora de @vayalocura (Mario Aniéva). Como me informan que no puedo irlo tatuando a la gente así nomás, quisiera contratarle un espacio monumental para exhibirlo en mi barrio:


“Al final todo se sabe. Al final, todo cesa, ve.”


16 de diciembre de 2010

Una imagen del deseo.

La fascinación por lo fugaz. Ginebra dulce.

Ginebra dulce
Lo Blondo


Bebimos
Ginebra dulce.
Ginebra con limón.
Ginebra dulce.

Tanta suerte tuvimos
De poder escapar
Escapar.

Bebimos
Hasta perderlo todo.
Hasta el amanecer.
Hasta perderlo todo.
(Y) hoy te veo.
Te desconozco.
Ya no me gustas.
Ya no me busques.

http://www.youtube.com/watch?v=vicgRZ3BDlc

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Lo Blondo retrata, de forma simple, la emoción incontenible de un encuentro sexual fugaz, distorsionado por el alcohol; ese ejercicio del ego que corona una noche de fiesta. Hacia el final, Lo Blondo lo vive en carne propia: el vértigo del sexo casual se convierte inmediatamente en el vacío de otras mil cosas:

“El verdadero desafío del sexo casual llega a la siguiente mañana,
cuando tienes que compartir la intimidad del desayuno”
@ciervovulnerado

“El verdadero desafío del sexo casual llega a la mañana siguiente,
cuando abres los ojos a una mala decisión”
@viajerovertical

Emocionante como es, el sexo casual termina por atarnos a la parte más árida de nosotros mismos y se alimenta de fantasmas. El sexo casual carece de algo que el deseo le niega. Quizá el misterio, quizá la pausa, quizá la luz.

Lo que por la cama empieza pronto muere de soledad. El buen amor es el que se busca primero lejos de los colchones. Las pequeñas variantes de la soledad se encuentran en millones de rostros y en otros tantos momentos:


“Mujeres a las que corrieron temprano después de una
cogida casual porque jugaba México A.C.”
@ciervovulnerado

Para encontrar el amor y la sensualidad, hay que saber reposar en el lugar en el que nos encontramos, construyendo el deseo. Para escribir al deseo se requieren todas las paredes del mundo y la calma para llenarlas con la mano. La sensualidad es sutil, pausada, de colores. El deseo viene a oleadas de una fuente inagotable: un latir constante.

“Chavos, ustedes que andan cazando genitales, al menos tómense
una licencia erótica para que la cosa no sepa a caldo de enfermo”
@Bilop

Cuando se piensa en sexo casual, en realidad se está pensando en otra cosa, se está necesitando algo de nosotros que no se encuentra entre las sábanas de un extraño: el sexo casual ni siquiera sirve para lo que se supone que sirve. Es un espejo fiel que devuelve una figura deforme.

“Pequeñas señales, gestos, movimientos. Esos que primero se visten de imperceptibles, y de pronto son la nueva verdad. Así se escapa todo”
@Bilop

En nombre de la libertad, el sexo casual equivale hoy a dos palabras dichas a tiempo, en medio de la noche. Pensar en libertad y placer cuando se recurre al sexo casual es no conocer ni la libertad ni el placer. Es ser miope, poco. El sexo espanta; el sexo es un misterio, una pujante cultura que nos tiene a todos fascinados, adictos, emocionados, pendientes, atrapados.

"You can be as promiscuous as you like; that's not gonna make you happy"

La noche ha vuelto la búsqueda del sexo como su propia fascinación. Pronto uno descubre que la conquista nocturna se vacía aun antes de consumirla por completo. Y así, andamos dando tumbos de un lado a otro, con esa cara de estar disponibles para todos aquellos que siempre están al acecho, dispuestos a cumplirnos la vocación que nos hemos pintado en la cara:

“Oigan, un gran jamón masturbatorio donde sea se consigue, pero ¿amor?
A ver, éntrenle.
@Bilop

Lo malo del sexo es que a veces no es inofensivo. A veces el sexo es un arma, un recurso al que acudimos fácilmente y lo ejercemos como un derecho cultural incuestionable, indebatible, una victoria de tantas otras batallas libradas sabiamente (esas sí) en contra de un puritanismo castrante y odioso. Pensar alrededor del sexo en cualquier término que no sea el de la libertad absoluta hoy desluce como si la idea fuera emisaria de un pasado indeseado. Hoy se ejerce el sexo como pretexto y el representante más logrado de una libertad que, presiento, no hemos terminado de entender. Será que, más que el sexo, a la que no entendemos es a la libertad. Ejercer la libertad a rajatabla es fácil cuando se trata de ser un kamikaze del corazón ajeno. Así, el sexo nos ha estado empujando, y empujando a otros, al precipicio desde siempre.

Y claro, no todo sexo casual, es casual. Existen encuentros absolutamente luminosos entre extraños. El sexo casual puede ser la posibilidad de una flama y de un inicio. Nada hay más conmovedor que la posibilidad de la ternura entre extraños. En la variación de @ChumelTorres:

“El sexo casual nunca es casualidad”

Al final no se sabe bien qué es el sexo porque a veces es solo eso: sexo. He ahí su misterio. Será que para pensar en sexo tendremos que aprender a pensar en otras mil cosas también. 

12 de diciembre de 2010

El consuelo del domingo.



En domingo, las cosas y los parques reposan de forma distinta bajo la luz de la tarde. El domingo es, a veces, una forma de la quietud, de escuchar nuestros pasos contra la piedra, de ver al instante desmoronarse entre hojuelas de tiempo iluminado.

Quizá la verdadera vocación del domingo sea terminarse; el día se va haciendo paso a través de sí mismo. El domingo tiene siempre prisa de ser otra cosa, de olvidarse, de dar paso a lo nuevo. El domingo es una pausa y un recomienzo que se resume a veces en calma, a veces en angustia, a veces en quietud. Las horas del domingo son siempre interiores; el domingo es el día que se vive desde dentro.

Hay almas que salen a encontrarse en domingo; las almas sin reposo, las almas en soledad, las almas sin consuelo. Los amigos en busca de amigos a los que la quietud les ha sido negada o arrebatada. Y salen buscándose bajo la música, en una mesa, a través del viento y de la noche, buscando algo caliente: una merienda, un rostro, un abrazo: el verdadero consuelo del domingo.

4 de diciembre de 2010

El mar enlatado.

                                                                    Agnès Varda. La Mer inmense, 2003.


Hoy amanezco con la noticia de que es posible enlatar un día de mar, unos momentos de ola y repetirlos para siempre con todo y las gaviotas, con todo y su arrastrar la arena al paso de la espuma y quizá algunos pasos que ya no están más, y que sin embargo sigo yo escuchando ahora, quién sabe cuántas mareas después. ¿A dónde habrán ido a dar esos pasos que escucho?; ¿qué suerte habrán ido a encontrar? ¿Habrán sabido escuchar al mar?

El mar recomienza todos los días, no cesa de venir, no se cansa de abarcar el horizonte entero y de responder ninguna pregunta con su persistente silencio que nos obliga a acercarnos y escuchar ninguna palabra, todas las corazonadas. Alguien ha puesto en palabras lo que es sumergirse en el mar: una aventura de movimiento errático y caprichoso, la voluntad de la suerte y el viento que siempre viene a transformar la idea del mar. Es el viento el que le da la luz, el que lo mece de formas distintas, el que le permite vestirse de tantos matices como es posible bajo el universo.

Quiero gritarle tantas cosas al mar. Me gustaría poder tomarlo en mis manos y sacudirlo, apretarle el pescuezo, insultarlo, que me viera a los ojos y me explicara su atrevimiento y su desfachatez, que me diera cuentas de su persistente belleza; decirle que me tiene atrapado, que no puedo dejar de regresar a él, que su encanto azul me tiene cautivo, que mi vida ha sido siempre el largo camino para volver a él.

Y hoy que lo tengo enlatado, que lo tengo al alcance de mis oídos para darle cuerpo a mi paciente espera de él, tengo al menos el consuelo de tenerlo cerca, de descifrar lo que intentó decirme una mañana o una tarde cualquiera hace miles de días o quizá apenas ayer. El mar ha venido a hablarme con su lento persistir de siglos. El mar nunca habla claro. El mar habla fuerte en su propia clave, habla a través del tiempo y todas las distancias, y le habla al que encuentre la paciencia de descifrar su obstinación de mar.

3 de diciembre de 2010

Salvador Extraña al Sol

                                                                           Foto: Salvador López Polo.

Invierno. Cuando el Sol es generoso, la luz en Suecia llega tarde y tiene la intensidad de aquella que viene anunciando el crepúsculo. Los días terminan pronto y se llenan de noche. El frío avanza recio e invisible. Salvador vive inmerso en la oscuridad, frente a un lago que a veces lo mece y a veces le arroja su gélido temperamento a la cara. El viento acecha, viene trayendo siglos de rumores con él, cargando dolores, vuelcos, tempestades de otros años y otros rumbos; los secretos que le hemos gritado los que no encontramos consuelo.

La noche  es implacable cuando nos pilla sin compañía. Detrás de las paredes está el bosque, el agua que reposa en silencio, atenta, adivinando lo que la noche ha venido a contar. Adentro, Salvador duerme o intenta pensar. El extranjero se siente siempre solo, fuera de lugar, no tiene nada que lo ate ni que le sepa hablar. Salvador se sienta a vivir, a entender lo que el mundo enseña cuando ya se va a acabar, y así tramita el dolor de estar, de ser, de vivir, de amar.

Y en medio de la calma, una vela alumbra el silencio. La noche pasa, mañana volverá a empezar.

1 de diciembre de 2010

Funny People




La película Funny People (Judd Apatow, 2009), presenta un momento que reflexiona sobre la libertad sexual en los tiempos del relativismo. La escena aborda los malentendidos de la libertad, es decir, la libertad ejercida sin cortapisas, sin consideración por el corazón ajeno, libertad que termina no siéndolo entonces, al arrasar con aquello que anda buscando.

Ira Wright (Seth Rogen), un chico tímido e inseguro, bien intencionado, conoce a Daisy (Aubrey Plaza) en la sala de su propia casa. Daisy, una mujer con aspiración de moderna y liberal, es de esas mujeres con un solo libro del feminismo más trasnochado bajo los ojos. Diasy se ve confundida, insegura. El rommate de Ira, Mark Taylor Jackson (Jason Schwartzman), es uno de esos personajes que hacen de la frivolidad un estado mental: un socialité wannabe cuya destreza más notable es llevar a chicas a la cama. Al darse cuenta de la atracción de Ira por Daisy, Mark lanza un reto: “si en diez días no lo haces tú, yo me acuesto con ella. Punto”. Ira se dispone al cortejo. Buscando un motivo especial, Ira invita a Daisy al concierto de su banda favorita. Daisy está feliz de ir. Antes de la fecha especial, diez días han pasado.

Aquí la escena:

“ÉL: We were supposed to go out on a date together!

ELLA: We ARE going on a date. I thought so.

ÉL: We are not anymore!

ELLA: Really?!

ÉL: No, because after you fucked my roommate that kind of ends it for me.

ELLA: Really?! Don’t treat me like that.  You are the first guy that I ever met that is like this. [balbucea, tartamudea, duda] I am an independent woman, I am allowed to fuck people.

ÉL: If I’ve known that, I would’ve scheduled our date a lot sooner.”

26 de noviembre de 2010

Postal del corazón nuevo.




Esta postal se ha abierto paso a través de las historias, y de los cajones y de las casas y de la suerte, desde el 23 de diciembre de 1921, hasta tus manos. Celebra el nacimiento de un corazón: una chica cumple dieciocho años. Tiempo que viaja con una esperanza.


“Dieciocho. Tú que joven,
Regando flores vienes:
Dichosa porque tienes tranquilo el corazón.

Que siempre se realicen
Los sueños de tu vida:
Para que nunca pierdas
La fe del corazón.

Que en tu camino encuentres
un ser que te comprenda:
Y unidos tengan siempre
Guirnaldas del AMOR”


Esta postal es para ti, que me has dejado nuevo el corazón.

25 de noviembre de 2010

Dos lloviendo.




Detrás de nosotros quedó el horizonte. Venimos acá para exhibir nuestro llanto. Estamos hechos de lágrimas grises y llorando venimos a llorar. Hemos sido dos, compartimos el sol, el cielo, el mar y el viento.

Sin quererlo, recuerdo que un día dijiste que nunca llorarías por esto. Para saber que lloras basta con conocerte por dentro. En el mar donde lloras llenecito está de tus lágrimas, mecidas por el viento.

Para qué esconder tanto el llanto cuando hay razones de sobra para ello: el perro de la calle, tu corazón podrido, los sueños invisibles que se van rompiendo en silencio, lo que nunca seremos, lo derruido, lo fácil, lo muerto y lo vivo, los rincones sin luz, las esquinas donde no dobla el viento, los que nunca se quedan sin aliento, lo que se va haciendo viejo.

Y así nos vamos resignando hasta que entender que llorando se va viviendo.

22 de noviembre de 2010

El mar desde acá.



Hoy hago lo que debí hacer mucho tiempo atrás: me rindo, ondeo una bandera blanca desde mi barca de madera que no aguanta más. La dejo a su suerte, a lidiar con las peripecias del mar y me hago hombre de faro. Voy a ver el mar desde acá. Hoy el mar me rebasa, me ha dejado de acurrucar, se ha puesto en plan de lucha encarnizada a la que no asistiré. Me retiro al faro a seguirme imaginando el mar como la primera vez que lo conocí; prefiero contemplarlo, transformado a la distancia en suavidad, en brisa, sin conocer las corrientes escondidas que lo someten por dentro. No tengo energía para aventarme a luchar cuerpo a cuerpo ahora que el mar se ha volcado contra mí, queriéndome demostrar su fuerza, su vigor, su crueldad. Nunca he sido rival de altura para él; he preferido siempre ser su cómplice. Desde el faro lo dejaré estrellar su furia contra las rocas y rugirme a lo lejos.

Es sabido que el mar puede ser cruel e implacable; se requieren de murallas más portentosas que la mía para contenerlo. Hoy todas mis murallas se derrumban, no aguantan más. He sido reducido a ruinas antes por el mar. No podría levantarme hoy de un tercer embate de su tempestad. Hoy que el mar arrebatado grita sus humores y me arroja su venganza, no quiero ser empujado perennemente a un exilio terrestre; quiero ser siempre un hombre de mar. Y por eso hoy escojo el terreno neutral del faro, habito el mar sin someterme a él, lo miro de lejos, lo siento en la piel. Conservo así intacto el recuerdo que tengo de esa temporada del mar, tiempos de calma en que era el hogar que me prometió un universo azul cada tarde. Desde el faro espero un mejor tiempo para hacer mi camino de regreso al mar. 

21 de noviembre de 2010

La utopía según Germán Dehesa.




“Por mucho tiempo me cayó bastante mal este asunto de la utopía, pero se me acaba de ocurrir que la utopía sí existe y que nosotros somos el cumplimiento de la utopía de nuestros antepasados. Cuánto mejor y más importante se siente uno si se sabe heredero directo de los sueños, los proyectos, la voluntad de felicidad, las posibilidades e imposibilidades de nuestros antepasados. Nada de aquello se ha perdido, nosotros no provenimos de la nada, o de la casualidad, ni vamos a la nada o a la confusión. Somos la utopía de nuestros abuelos y de sus abuelos. Por mi boca pueden ser enunciadas las palabras dignidad, gozo, amistad, terror, rechazo, como quizá ninguno de mi sangre pudo pronunciar. Esto me da enorme jerarquía. No somos, como tantos poderosos quisieran, una gente cualquiera. Ninguno lo es; ninguno debiera serlo. Somos la posibilidad de cumplimiento de una utopía colectiva. Si mis proyectos de vida, de iluminación y de felicidad fracasan, estoy posponiendo los sueños de los que fueron antes de mí y les estoy negando el sosiego.

Quizá el error de tantos ha sido pretender la salvación unánime de toda una colectividad. Eso no está a nuestro alcance. Creo, necesito creer, que mi salvación (en el enorme sentido cósmico de la palabra) la puedo obtener si me hago digno de tanto sueño y tanto proyecto que pululan por mi sangre. Sólo así, poniéndome a la altura del secreto mandato de mi raza, podré ser una utopía cumplida. Si lo logro, tendré con qué heredarle a los que vienen después de mí, las semillas de un paraíso”.

- Germán Dehesa.